Artist Alicia Martin’s tornado of books shoot out a window like a burst of water from a giant hose. The Spain-based artist’s sculptural installation at Casa de America, Madrid depicts a cavalcade of books streaming out of the side of a building. The whirlwind of literature defies gravity and draws attention with its grandeur size. There have been three site-specific installations, thus far, of the massive sculptural works in this series known as Biografias, translated as Biographies, that each feature approximately 5,000 books sprawled out around and atop one another. (by Eugene)
Alicia Martín at Galleria Galica
via [pulmonaire, DesignVerb]
(via wordsonbrokentongues)
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(Source: pokeball-drunk-from-hell, via s-upcaitlin)
La Gran Plaga (1665-1666), fue una epidemia que mató entre 70.000 y 100.000 personas en Inglaterra, y más de una quinta parte de la población de Londres.1 Históricamente, se ha identificado a la enfermedad como la peste bubónica, una infección causada por la bacteria Yersinia pestis, transmitida a través de las pulgas de las ratas.
Se intentaron llevar a cabo algunos métodos públicos de contención. Los médicos eran contratados por el ayuntamiento, y el sistema de enterramiento de los cadáveres fue cuidadosamente organizado. Las autoridades ordenaron mantener fuegos encendidos día y noche, con la esperanza de que el aire se limpiaría de la corrupción de la peste. Sustancias con olores muy fuertes, como elpimiento, el incienso y diversas clases de lúpulos, fueron también quemados para prevenir la infección. Así mismo, Los residentes de Londres fueron fuertemente instados a fumar tabaco.
El atuendo de los médicos se completaba con un largo abrigo de cuero, guantes y sombrero de ala ancha. En la mano derecha un palo blanco con un reloj de arena alado, utilizado para mover o examinar al paciente y otras personas cercanas. El pico de la máscara era a menudo rellenado de especias y hierbas aromáticas para purificar o neutralizar las miasmas o “mal aire”. Realizaba un doble propósito, disimular el olor cadavérico, parar los esputos y la posible ruptura de las pústulas bubónicas.
La ropa de los Doctores de la Peste también tenía un uso secundario: asustar y advertir a los curiosos. Su figura se convirtió en la imagen de la muerte, aves apocalípticas que con su presencia hacia huir a todo aquel que se cruzara en su camino.
(Source: alexxxiselizabeth, via redxxcabaret)